- Autor: José Román González Rodríguez
En un momento en que la economía colombiana necesita recuperar dinamismo, reactivar la inversión y fortalecer la confianza empresarial, la propuesta de extender el impuesto al patrimonio empresarial al sector corporativo abre un debate económico profundo. Para el economista José Román González Rodríguez, docente de la Facultad de Ciencias Económicas y Administrativas de la Universidad de América, este tipo de gravamen, aunque suele presentarse como una herramienta redistributiva y de recaudo fiscal, podría generar efectos negativos sobre la inversión, la capitalización empresarial y el crecimiento económico en Colombia.
¿Qué es el impuesto al patrimonio empresarial?
El impuesto al patrimonio empresarial grava el valor de los activos netos de las compañías, es decir, su capital acumulado, independientemente de si generan utilidades o no. En la práctica, esto significa que empresas con grandes activos productivos —maquinaria, infraestructura o capital invertido— deben pagar el impuesto incluso en periodos de baja rentabilidad o pérdidas. Desde el punto de vista económico, esto introduce una distorsión importante: se grava el capital productivo en lugar de la renta que este genera.
Impacto del impuesto al patrimonio empresarial en la inversión
El problema se agrava en el contexto actual. La inversión empresarial en Colombia ha venido cayendo en los últimos años y se encuentra en niveles históricamente bajos como proporción del PIB.
En ese escenario, imponer un tributo adicional sobre el patrimonio equivale, en la práctica, a penalizar la reinversión y la capitalización empresarial. Es decir, castiga precisamente a las compañías que deciden fortalecer su estructura productiva y apostar por el crecimiento de largo plazo.
¿El impuesto al patrimonio empresarial realmente reduce la desigualdad?
Tampoco es claro que el impuesto cumpla con el objetivo redistributivo que suele atribuírsele. A diferencia de lo que ocurre con el patrimonio de las personas naturales, en las empresas la propiedad está distribuida entre múltiples actores: inversionistas institucionales, pequeños accionistas e incluso millones de afiliados a fondos de pensiones que son propietarios indirectos de grandes compañías. En ese sentido, gravar el patrimonio empresarial termina afectando también el ahorro de largo plazo de los ciudadanos.
Riesgos económicos y de doble tributación
Desde una perspectiva técnica, además, el impuesto introduce riesgos de doble tributación. Los activos de las empresas ya están reflejados en el patrimonio de sus accionistas, por lo que gravarlos nuevamente a nivel corporativo implica cobrar dos veces sobre la misma base de riqueza.
A esto se suman los desafíos asociados con la valoración de activos empresariales. Estos procesos suelen generar controversias, litigios fiscales y mayores costos administrativos, lo que reduce la eficiencia del sistema tributario.
La tendencia internacional frente a los impuestos al patrimonio
La experiencia internacional muestra una tendencia clara. En Europa, donde hace algunas décadas varios países aplicaban impuestos al patrimonio, muchos han optado por reducirlos o eliminarlos debido a sus efectos negativos sobre la inversión y la competitividad económica.
Diversos estudios económicos han señalado que estos tributos tienden a generar más distorsiones que beneficios fiscales sostenibles, especialmente cuando afectan directamente el capital productivo.
Inversión y crecimiento: claves para una política fiscal sostenible
Si el objetivo es fortalecer las finanzas públicas y reducir la desigualdad, el debate debería concentrarse en políticas que impulsen la productividad, la competencia y la formalización económica.
Sin crecimiento y sin inversión, cualquier estrategia fiscal termina siendo insostenible en el largo plazo.
En ese contexto, insistir en un impuesto al patrimonio empresarial no solo envía una señal negativa a los inversionistas, sino que además llega en un momento complejo para la economía colombiana, que necesita recuperar confianza, atraer capital productivo y consolidar una visión de desarrollo de largo plazo.
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