- Autor: Angie Nikol Carrillo
El pasado 18 de febrero, el equipo de Bienestar invitó al cuerpo administrativo, estudiantes y profesores a dar inicio al tiempo de Cuaresma, un periodo que nos convoca a la reflexión, la conversión sincera y la renovación espiritual.
Esta fecha nos recuerda que cada acción debe estar guiada por el amor y la coherencia interior; que las verdaderas transformaciones nacen en lo profundo del corazón, en ese espacio íntimo donde la intención es conocida sólo por Dios. Es una oportunidad para fortalecer nuestra dimensión humana y espiritual, y para vivir con mayor conciencia el sentido de nuestras acciones cotidianas.
Un mensaje de conversión y esperanza
Las reflexiones del padre nos recordaron que, en medio de nuestras equivocaciones, seguimos caminando hacia la divinidad que nos habita. En este tiempo se nos invita a ejercitar tres virtudes —oración, ayuno y limosna— entendidas más allá de lo literal. Ayunar no solo es físico, también significa renunciar a actitudes que nos restan humanidad.
La limosna no se limita a la moneda, sino que puede expresarse en acciones sociales que fortalezcan la comunidad. La oración, es nuestra respuesta al Dios que nos habla, no es solo un intercambio de palabras, sino un encuentro que compromete todo nuestro ser en relación con el Padre, por medio del Hijo y en el Espíritu Santo.
Lecturas que acompañaron la Eucaristía
La primera lectura, del profeta Joel (2, 12-18), “exhorta a volver al Señor con humildad y arrepentimiento, recordando que Él es compasivo y misericordioso”. El Salmo 50 “clama por el perdón y subraya que la verdadera conversión nace de un corazón contrito”. San Pablo, en 2 Corintios (5, 20–6, 2), “nos recuerda que somos embajadores de Cristo y que este es el tiempo favorable para reconciliarnos con Dios”. El evangelio de Mateo (6, 1-6. 16-18) “advierte contra la ostentación y nos invita a vivir la oración, el ayuno y la limosna en lo secreto, confiando en la mirada amorosa del Padre”.
Celebración que se une a los 70 años de la Universidad
Este camino espiritual se une a la alegría de la Comunidad Uniamericana, que el próximo 24 de marzo recibirá un reconocimiento por los 70 años de fundación de la Universidad de América, otorgado por ASCUN. Un signo de gratitud y esperanza que acompaña el llamado del Miércoles de Ceniza: vivir la fe con fraternidad, humildad y entrega.


