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La IA en la educación: retos humanos hacia 2026

La IA en la educación superior, impulsando nuevas formas de aprendizaje, evaluación e innovación académica.

El impacto de la IA en la educación superior hacia 2026

En este análisis, Rossemberg Cárdenas, docente de la Facultad de Ingenierías de la Universidad de América, reflexiona sobre el impacto de la Inteligencia Artificial. Durante los últimos años, la IA ha ocupado titulares, debates regulatorios y conversaciones cotidianas. Según el Foro Económico Mundial, más del 75 % de las empresas a nivel global ya utilizan algún tipo de esta tecnología en sus procesos, y el sector educativo no es ajeno a esta transformación. Sin embargo, de cara al 2026, el verdadero desafío ya no es tecnológico, sino profundamente humano.

Análisis de Rossember Cárdenas docente de la Facultad de Ingenierías de la Universidad de América

Docente de la Facultad de Ingenierías, Rossember Cárdenas.

Foto:  Dirección de Comunicaciones, Universidad de América.

Superada la etapa de asombro —cuando una máquina escribe textos, analiza datos o programa código—, entramos en una fase de madurez. Hoy la discusión no debería centrarse en sí la IA reemplazará al docente, sino en cómo esta tecnología puede fortalecer el criterio, la ética y la capacidad de adaptación de los estudiantes en un mercado laboral cada vez más cambiante.

Las cifras refuerzan esta urgencia. Estudios de McKinsey sobre las habilidades clave para el futuro laboral, cerca del 40% de las habilidades actuales perderán relevancia hacia 2030, mientras que crecerá la demanda de competencias como pensamiento crítico, resolución de problemas complejos y alfabetización digital avanzada. En este contexto, la educación superior tiene un papel estratégico no solo en la formación de talento, sino en la sostenibilidad económica y productiva de los países.

En el aula, la IA abre una oportunidad largamente esperada: abandonar la educación homogénea. La personalización del aprendizaje, apoyada en sistemas inteligentes, permite atender distintos ritmos, estilos y niveles de conocimiento. La tecnología puede asumir tareas operativas —refuerzos técnicos, retroalimentación constante, simulaciones— y devolverle al docente su rol esencial: formar criterio, orientar decisiones y promover debates éticos en torno al uso de la tecnología.

Este cambio también transforma la manera de evaluar en la educación superior. En un contexto donde la información digital es abundante y accesible, medir la memoria pierde relevancia económica y social. Lo verdaderamente importante es la capacidad de aplicar el conocimiento, tomar decisiones informadas y resolver problemas reales mediante el uso estratégico de herramientas tecnológicas e Inteligencia Artificial. En este sentido, la evaluación debe centrarse en competencias clave que hoy demanda el mercado laboral y la sociedad.

En el ámbito de la investigación académica, el impacto de la IA es igualmente significativo. La automatización de procesos como la revisión de literatura científica o el análisis de grandes volúmenes de datos ha reducido de forma sustancial los tiempos operativos. Esto permite optimizar recursos —tiempo, talento y presupuesto— y enfocarlos en innovación, investigación aplicada y generación de valor. A nivel global, universidades y centros de investigación están orientando sus esfuerzos hacia proyectos con impacto tangible en sectores como la industria, la sostenibilidad y la transformación digital.

Esta tendencia ya se evidencia en experiencias académicas locales. En los espacios de formación en ingeniería y tecnología de la Universidad de América, los estudiantes trabajan bajo modelos de innovación abierta, enfrentando retos reales del sector productivo. En los semilleros de investigación en Inteligencia Artificial, los estudiantes no solo adquieren conocimientos teóricos sobre algoritmos, sino que desarrollan soluciones tecnológicas aplicadas mediante prototipado rápido, análisis de datos y automatización de procesos, alineados con necesidades empresariales concretas.

Un caso reciente ejemplifica este enfoque. Una empresa del sector ingeniería buscaba apoyo no en cálculos estructurales, sino en su sostenibilidad comercial y posicionamiento digital. El reto se abordó desde una perspectiva integral que incluyó análisis estratégico, identificación de tendencias del mercado, definición del perfil del cliente y diseño de indicadores de desempeño. Gran parte del proceso se optimizó mediante herramientas de Inteligencia Artificial, lo que permitió visualizar en tiempo real la construcción y ejecución de una estrategia digital completa.

Más allá de la solución técnica, el aprendizaje clave fue comprender que la Inteligencia Artificial en la educación no pertenece a un solo campo del conocimiento. Se trata de una herramienta transversal y estratégica, capaz de transformar modelos de negocio, procesos productivos y dinámicas económicas. Esta visión integral marcará la diferencia en los profesionales que ingresarán al mercado laboral del futuro.

De cara al 2026, el principal reto para la educación no será incorporar más tecnología, sino hacerlo con propósito. La educación superior debe formar profesionales capaces de convivir con la Inteligencia Artificial, cuestionarla, regularla y utilizarla para generar valor social y económico. La tecnología es el medio; el objetivo sigue siendo el mismo: formar seres humanos con criterio, responsabilidad y visión para transformar su entorno.

 

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