El 31 de marzo de 2026 marcó un momento significativo para la economía del país. Según explica Germán Eduardo Rodríguez Díaz, docente del programa de Economía de la Universidad de América, lo ocurrido en la sesión de la Junta Directiva del Banco de la República dejó una imagen que genera preocupación: la silla vacía del Gobierno en el principal órgano de decisión monetaria del país.
- Autor: Germán Eduardo Rodríguez Díaz
Docente de Economía, Germán Eduardo Rodríguez Díaz.
Foto: Dirección de Comunicaciones de la Universidad de América.
La escena no es menor. El Banco de la República, creado en 1923 y fortalecido por la Constitución de 1991, no es solo una institución técnica: es uno de los pilares de la estabilidad macroeconómica. Su mandato es claro y está consagrado en los artículos 371, 372 y 373 de la Carta Política: preservar el poder adquisitivo de la moneda. Y para ello, su independencia no es un detalle administrativo, sino una condición esencial.
La decisión de la Junta de aumentar la tasa de interés de 10,25% a 11,25% respondió a fundamentos técnicos sólidos. La inflación se ubica en 5,3%, por encima del rango meta (2%–4%), mientras que la inflación subyacente —que excluye alimentos y regulados— también muestra presiones al alza, alcanzando el 5,5%. A esto se suman expectativas inflacionarias crecientes, alimentadas tanto por factores internos como por tensiones geopolíticas que han impactado los precios de la energía a nivel global.
En ese contexto, el endurecimiento de la política monetaria no sólo es comprensible: es consistente con la experiencia internacional y con la responsabilidad del banco central de anclar expectativas y evitar desbordamientos inflacionarios.
La señal institucional detrás de la decisión del Banco de la República
El punto crítico no se encuentra en la decisión técnica de subir las tasas, sino en la reacción política posterior. El distanciamiento del Gobierno frente a la Junta y su retiro de la sesión envían una señal compleja a los mercados y a la institucionalidad económica.
El debate técnico forma parte del diseño institucional de la Junta Directiva. El órgano cuenta con siete miembros que representan diferentes visiones económicas, entre ellos el ministro de Hacienda. El desacuerdo forma parte del proceso deliberativo. Sin embargo, abandonar el espacio de discusión produce un efecto distinto: proyecta una señal de fractura institucional.
El Gobierno argumenta que la inflación actual responde principalmente a choques de oferta, como el aumento en los precios de hidrocarburos derivado de tensiones en Medio Oriente. Ese argumento admite debate. No obstante, la evidencia muestra que las presiones inflacionarias en Colombia no provienen únicamente de factores externos.
El comportamiento de la inflación subyacente y algunas decisiones internas de política económica apuntan también a presiones de demanda.
Inflación, salario mínimo y presiones internas en la economía colombiana
El incremento del 23% del salario mínimo en un contexto donde la inflación cerró en 5,1% y la productividad laboral crece apenas 0,57%, genera inevitablemente tensiones sobre los precios. No porque mejorar el ingreso de los trabajadores sea un error, sino porque sin un aumento paralelo en la capacidad productiva, ese mayor poder adquisitivo termina trasladándose a la inflación.
Aquí es donde la política monetaria actúa como un contrapeso necesario, aunque incómodo. Subir tasas enfría la economía, encarece el crédito y puede desacelerar el crecimiento. Pero también es, muchas veces, el costo de corregir los desequilibrios acumulados.
El riesgo real: una fractura institucional en la política económica
El verdadero riesgo, entonces, no es una tasa de interés alta. Es la percepción de una fractura institucional.
Cuando se debilita la coordinación —o al menos la coexistencia respetuosa— entre política fiscal y política monetaria, los mercados reaccionan. Y lo hacen rápido: mayores primas de riesgo, encarecimiento del financiamiento y presión sobre la tasa de cambio.
Colombia ya enfrenta costos de endeudamiento elevados, con tasas nominales cercanas al 13,5% y reales alrededor del 8%. En ese escenario, cualquier señal de incertidumbre institucional se traduce en un castigo adicional.
La lección histórica de la independencia del Banco de la República
La historia económica del país ofrece una lección clara. La independencia del Banco de la República permitió reducir inflaciones superiores al 30% en los años noventa a niveles cercanos al 5% en la actualidad. No es un logro menor, ni automático. Es el resultado de reglas claras, disciplina técnica y credibilidad institucional.
Por eso, la imagen de una silla vacía en la Junta no es solo un gesto político. Es un símbolo. Y como todo símbolo, comunica más de lo que parece.
Colombia no enfrenta únicamente una discusión sobre tasas de interés. También enfrenta una prueba sobre la solidez de su arquitectura institucional. Tanto en economía, como en política, la confianza constituye uno de los activos más valiosos. Construirla toma años. Perderla puede tomar apenas unos días.
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